24 de mayo de 2012
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01/12/2010
ADULTOS
PRIMER PREMIO: JESÚS ALMENDROS FERNÁNDEZ
LIBERTAD ES MI NOMBRE
Juan, un joven de quince años, paseaba como todos los días a orillas de la mar por la suave arena de la playa, cerca de las rocas. Le gustaba sentir como las olas rompían a sus pies. A veces mariscaba sin demasiadas expectativas de obtener nada importante, solo pretendía pasar un rato. Camarones, cañaillas, bígaros y alguna almeja era todo lo que conseguía echar al pequeño cubo con el que iba a las rocas y con lo que después, en casa, su madre hacía una sopa que comían ellos dos solos pues su padre y su hermano luchaban contra los franceses y hacía tiempo que estaban fuera de casa. De pronto, Juan vio que algo, o al menos eso le pareció, se movía en la entrada de la cueva que había en las rocas, a una cierta altura. No era un lugar al que se llegara fácilmente. Él había entrado en ella varias veces pero subir hasta allí tenía bastante peligro. No era un lugar al que parejas deseosas de encontrar un lugar apartado, fueran habitualmente. De hecho, él nunca había visto a nadie allí dentro, por eso le extrañó ver aquella sombra. Para satisfacer su curiosidad, a falta de otra cosa mejor que hacer, empezó a escalar las rocas hasta que consiguió llegar a la cueva. Con precaución, sin penetrar en ella, miró hacia su interior pues siempre existía la posibilidad de que algún huido de las tropas invasoras o algún contrabandista armado se hubiese refugiado allí, pero no vio a nadie, sin embargo tenía la sensación de no estar solo. De forma sigilosa entró despacio en la cueva adaptando su vista a la oscuridad del interior. aquello era mas propio de aquellos relatos, aquellos cuentos de misterios, brujas y milagros que algunas noches, al amor de una acogedora lumbre, les contaba su abuelo a él y a su hermano cuando en Cádiz aún había tiempo para pensar en misterios, en brujas y en milagros.
De pronto, en un rincón, acertó a ver una niña, una hermosa chiquilla de apenas dieciséis años, bellísima, sencillamente vestida, con pelo corto, mejillas sonrosadas y una mirada limpia y deslumbrante. Estaba acurrucada en el fondo de la cueva y le miraba entre asustada y esperanzada, con una sonrisa en los labios.
Después del susto y de la primera impresión, Juan se atrevió a preguntarle quien era y ella con una voz vibrante y cantarina le contestó que no se asustara, que al principio siempre ocurría eso, que todos sentían miedo al verla, pero que ella era sencilla y buena. Se llamaba Libertad y según le contó al muchacho llevaba muchos años, siglos, de país en país, de Pueblo en Pueblo, acudiendo a las llamadas que le hacían. Ahora también había escuchado su nombre a gritos. Cuando la conocían, la llenaban de atenciones, de cuidados, pero siempre llegaba un momento en que parecía molestar, estorbar a aquellos que la habían llamado. Había unos personajes siniestros que siempre se encargaban de enfrentarla a sus amigos, de ponerles en su contra. Eran el Poder y el Dinero. Ellos convertían en enemigos suyos a sus amigos por eso ahora quería advertirle a Juan que si quería que ella se mantuviese para siempre con ellos, con Juan y con su pueblo, con Cádiz y con España, debería de prevenirse contra ellos. No bastaba con que la ayudasen y la acogiesen. Ella les ayudaría, les conduciría a la victoria pero debería de conseguir que todos sus amigos, todo el pueblo, se comprometiese por escrito, con sus ideales, con esos ideales que ahora les llevaban a la lucha.
Juan se llevó consigo a Libertad y empezó a convocar a sus amigos, a su padre y a su hermano y a todos sus conocidos y estos a sus amigos y así, unos a otros. Al principio le escucharon con extrañeza, incluso con desconfianza. Pero ¿qué cosas decía aquel muchacho?, ¿Se habría vuelto loco?. Del Mentidero a La Viña, del Pópulo a San Carlos, de la plaza Fragela a Santa María. Todo Cádiz tuvo ocasión de escucharle, de oírle hablar de aquella Libertad que había encontrado en la playa, de unos ideales, de unos anhelos. Hablaba a la gente con tanta convicción en lo que decía que no podían por menos que escucharle. Se empezó a correr la voz, Juan había venido a hablarles de un sueño de Libertad, a la que había encontrado en la playa, pero nadie en realidad sabía que era lo que quería de ellos, para que les llamaba hasta un día en que todo cambió cuando en la bodega del Ventorrillo del Chato, camino de La Isla, rodeado de sus amigos y de muchos hombres, mayores y jóvenes, que habían acudido allí atraídos por el entusiasmo con el que el muchacho los había convocado. En aquella bodega decían que por las noches, cuando los gaditanos no se atrevían a salir de casa, los soldados franceses acudían a beber y a escuchar las canciones de las artistas que allí solían ir a cantar sus coplas y hasta decían que muchas noches, soldados franceses y gaditanos habían coincidido y habían bebido juntos y juntos habían escuchado las canciones de aquellas hermosas mujeres y juntos habían gozado de su compañía.
Juan se presentó ante todos con la niña, Libertad, que permanecía abrazada a él. Todos quedaron boquiabiertos ante aquello que tenían ante sí. Nunca antes habían pensado en ello pero ahora que la tenían delante la emoción les hacía un nudo en la garganta y de los ojos de algunos de aquellos hombres endurecidos por la guerra y las desgracias de la opresión del invasor extranjero, se desprendían lágrimas de emoción, emoción contenida durante mucho tiempo, esperando algo que no sabían lo que era y que ahora afloraba, tomaba cuerpo y les daba seguridad de que realmente era cierto que su lucha estaba justificada, que luchaban por algo que merecía la pena luchar y morir si fuera necesario. Como en sueños habían oído a veces hablar de ella, en murmullos a escondidas habían oído su nombre y ahora estaba allí , ante ellos, ofreciéndose para conducirles a la victoria, para ponerse a la cabeza de todos ellos, para justificar sus sacrificios y sus esfuerzos. Hombres del campo, rudos, de piel curtida por el sol y los vientos de Levante y de Poniente, marineros acostumbrados a luchar cada día con la mar para arrancarle unos frutos que dieran de comer a sus hijos, comerciantes hartos de comprobar como las ganancias de muchas horas de trabajo, de esfuerzo y de ahorro se las llevaban los ejércitos invasores que necesitaban acopiar comida y bebida para las tropas y medios para mantenerlos acampados esperando órdenes sin que se sublevasen contra sus propios jefes. Todos esperaban anhelantes las palabras de aquel muchacho, de Juan. ¿Sería verdad que aun podía haber esperanza?. Era solo un chiquillo temerario y presuntuoso, es verdad, pero llevaba algo en sus palabras que inspiraba confianza, llevaba un nombre, y una niña, Libertad. Ella les dijo que aquello que ahora les movía, debería de quedar plasmado en un escrito para que cuando, pasado un tiempo, todos estuviesen convenientemente instalados en la nueva sociedad que surgiría tras la victoria, no se arrepintiesen de los compromisos adquiridos, no renunciasen a ellos en beneficio propio, no se volviesen corruptos y para ello era preciso que todos firmasen un compromiso, que la soberanía no correspondía a ningún poder extranjero sino a la propia Nación Española entendida como la reunión de todos los ciudadanos. También debería de quedar clara la separación entre quienes hicieran las leyes y quienes las ejecutaran y finalmente las aplicaran. Los ciudadanos deberían de elegir libremente a Diputados que les representasen en una Asamblea, Las Cortes. Todos tendrían derecho a escribir, imprimir y publicar sus ideas políticas sin necesidad de tener que pedir permiso para ello. Se respetarían los derechos de todas las personas y nunca se utilizaría contra ellas ni el tormento ni el apremio. No se podría privar a ningún individuo de sus derechos ni imponerle pena alguna por hacer uso de ellos, salvo que afectasen a la seguridad del Estado. No podría ser allanada nunca la casa de ningún español y ningún español podría ser juzgado por causas civiles o criminales por ninguna Comisión, sino por un Tribunal competente. Todos estaban entusiasmados con la idea de dejar tal como ella quería, escritos sus compromisos en un documento al que llamarían Constitución y así lo manifestaron y prometieron y, finalmente, se reunieron todos, con Libertad a la cabeza, en el Teatro de La Isla y después en Cádiz, en la Plaza de San Antonio y se comprometieron con sus firmas a no renunciar nunca a todo aquello por lo que estaban luchando y la pequeña Libertad fue creciendo y haciéndose grande y fuerte y al frente de todos se enfrentó a los invasores, a sus enemigos y junto con ellos, con su apoyo y su fe en ella, les hizo frente y entre todos, todos juntos, les vencieron.
Nunca supo nadie de donde había venido o quien la había dejado en aquella playa ni por qué siendo mujer y tan joven sabía tantas cosas sobre las leyes y sobre los derechos universales de los hombres, pero eso poco importaba porque ella sería siempre para todos, Libertad, su Libertad.
Juan, sentado en la arena de la playa, miraba al mar. Ya no tenía miedo ni necesidad de alistarse en el Batallón de Tiradores Voluntarios como su padre y su hermano. Ahora sabía que su pueblo era dueño de su destino. La gente volvería a cantar, a confiar en los vecinos sin pensar que cada uno de ellos podría ser un traidor, un afrancesado, que le denunciase. Su abuelo podría volver a contarles cuentos de brujas, de misterios y de milagros porque ahora todos sabían que los milagros eran posibles y los misterios solamente cosas mas difíciles de entender que las cosas sencillas, pero una vez entendidos, también sencillos como la Vida, como el Hombre, como la Naturaleza.
FINALISTA: JOSÉ ORELLANA REYNALDO
ESTA ES MI PEQUEÑA HISTORIA.
A veces, no nos damos cuenta de las cosas que nos rodean , creemos que siempre han estado ahí, nos escondemos, criticamos hablamos pero no participamos, es tan fácil decir esto y lo otro pero a la hora de la verdad----yo no puedo----
Si nos colocamos en una esquina y vemos pasar a la gente, nos damos cuenta de tantas cosas, si damos una pequeña vuelta por las calles, por los lugares, por la historia, por los paisajes, por las tradiciones, por ese lugar, el que cada día miras con orgullo, esos jóvenes, esos mayores esa gente que no hace mucho estaban escondidas detrás de la puerta y eso de participación ciudadana era una utopía, no hace tanto, pero lo tenemos en el olvido, hoy tenemos una participación que nos onorgullese, vemos asociaciones, grupos ,personas que día a día nos hace la participación mas fácil, aunque todavía mucha gente continua hablando sin participar.
Acabo de cumplir noventa y dos años, parece mentira, recuerdo tantas cosas, olvido otras, en realidad, es que las quiero olvidar, cosas que nuestros jóvenes no han visto, cosas que mejor que yo tampoco hubiese vivido, años donde reunirse estaba prohibido, donde dar tu opinión era una locura, estabas loco si hablabas de participación ciudadana, esto no se dice, esto no se hace, cuarenta años, cuarenta de olvido, me hubiese gustado hacer tantas cosas,que cuando hoy veo que tu opinión la escuchan le hacen caso o no, pero la escuchan, ya no es algo tabú , ya no es algo prohibido, estés en el grupo que estés, reunirte decir esto u lo otro, participar, que palabra más hermosa que tantos años se quedo guardada en un baúl de ignorancia, de….
Corría el año 37, participe en una guerra que no entendía , en un lugar que no era el mió, nadie me explicaba nada, y de leer, pocos libros llegaron a mis manos, estuve en el bando nacional, si soy de izquierdas, …que c…… hago yo aquí, algunos compañeros desertaron, en la esquina los mataron, y a sus familias les dijeron que fue en combate.
Llevaba un mes, el miedo te comía por todos lado, tuve suerte una bala perdida de algún amigo, en una batalla de tiros, me dio en la pierna, sentí dolor, sentí alegría , ese día, ese tiro tantas cosas hizo .En el hospital conocí a gente como yo, ignorantes de un mundo que nos toco vivir.
Me mandaron a mi casa, como héroe, cojo pero héroe, si yo no tire ni un solo tiro, pero cállate, que estas mejor callado, piensa en tu familia.
Termino la contienda habíamos ganado, ¿Qué habíamos ganado?.
Conocí a una bella mujer, me case pronto llego el embarazo.
Por las tardes después de un día de trabajo al señorito, me reunía con algunos con pensamientos diferentes, a escondidas hablábamos de un mundo mejor , donde hubiera una participación ciudadana, donde la libertad era algo impensable en esos años de hambre en todos los sentidos.sueños de esperanzas.
En una tarde noche de esas, entraron unos hombres, nos apresaron algunos escaparon, me dieron palos por todos lados , todavía no se como he llegado a cumplir tantos años, me metieron en la cárcel como un vulgar criminal, mi cara, mi cuerpo parecía un volcán ,donde la sangre era la dueña de mi rostro, estuve en este lugar 22 años de golpes, de insultos, me hice el loco o el cuerdo en realidad lo que quería era vivir,, mi madre murió de pena, mi mujer tanto sufrió, y mi hijo solo lo vi una vez en esos años de cárcel , era el hijo del loco, que tantas veces le gritaban cuando era pequeño, que fuerte fue,y que pronto maduro.
Como estaba loco me dejaron libre de una cárcel, de la otra tuvieron que pasar unos cuantos años mas.
Sin esperar llego la constitución, la democracia, tantas lagrimas salieron de mi cuerpo, no se de donde, pero salieron y no eran de tristeza.
Pasaron los años , y esas ideas que tenia cuando joven ,se están convirtiendo en realidad ,.lo que mas me duele hoy es que muchas cosas de esas se han olvidado y algunas personas no quieren participar, estos si se hacen los locos creen que todo es bonito, que el plato esta lleno, que nunca nos faltara nada , que participe otro, bueno que hagan lo que quieran, pero tienen la oportunidad que yo no tuve, una oportunidad de estar en talleres, de dar opinión sin que nadie te llame loco, la oportunidad de ser lo que quieras ser, participando en el pueblo, participando , esa opción la tenemos y no deberíamos dejarla escapar lo dice perro viejo.
Mis nietos, se sientan junto a mi....abuelo cuéntanos una batallita…. y tienen mas de cuarenta, bueno también tengo bisnietos, quien lo diría, uno de ellos es una copia , creo que ni clonando saldría tan igual, piensa y habla como lo hacia yo en esos años, tiene mi misma cara , esta estudiando derecho, dicen los que lo conocen que llegara lejos en la política, con el echo horas y horas, mis historias sus historias, le dejo mis libros, el me trae otros que en un tiempo eran un sueño prohibido.
Participo en todo lo que puedo y para colmo a la vejez, pertenezco a varias asociaciones ,gracias a que tenemos lugares donde poder estar.
Esta pasada semana fue la feria de mi pueblo, a los mayores nos dan una comida en la caseta, estamos allí tantos viejecitos hablando de nuestras historias participando en algo tan bonito, mí señora esta en una asociación de mujeres se reunieron en la feria y comieron todas juntas, que lo veo y no lo creo, hay mujeres mayores y otras no tanto, ver sonreír a mi pareja es una alegría tan grande después de todo lo que ha pasado, que no me canso de mirar y de ser feliz, cuando me cuenta cosas de los talleres, al igual que mi biznieta la mas pequeña, que con 16 años es toda una señorita, que le gusta ir a los talleres de cocina, dice que cuando se vaya a estudiar una carrera, ella quiere saber cocinar, que cosas, al taller no solo van mujeres también van hombres, jóvenes con un futuro, que claro luego en el piso las fiambreras de las madres …no es lo mismo.
Por las mañanas colaboro en una emisora local de radio, y todos los meses escribo en una revista que publicamos unos cuantos.
Como han cambiado las cosas en mi pueblo hay un señorita muy simpática, es una dinamizadora ciudadana,, cuando me entere no me lo creía, una señorita que te orienta para que participes, para que formes parte de la vida de la villa, esto lo veo y si me lo cuentan cuando estaba entre rejas hubiera dicho …venga que el loco soy yo.
Tantas cosas nos rodean, y tan pocos años me quedan, que cada día que me levanto es un mundo nuevo, cuando paseo por las tardes con mi pequeño bastón, cuando recorro las calles, paso a paso y veo a jóvenes a mayores a gente que pasa de todo, no las entiendo.
La vida son tres días, el que naces, el que creces y el que mueres , muchos no nos damos cuenta de lo bonito que es la vida, cuando uno es feliz, cuando uno ha pasado tanto y puede opinar de que por muy mal que estemos lo de antes ni hablar.
Participar, que palabra mas bonita, nunca me canso de escucharla de escribirla de decirla, participar que sueño durante tantos años, colaborar en lugares donde tu idea es algo mas.
En mis paseos me paro en lugares que han cambiado tanto, recuerdos y mas recuerdos –si tuviera 50 años menos, pero ya que pido que fuesen 70. observo lo que me rodea, hablo con todos unos me comentan unas cosas y otros otras, me doy cuenta de que nadie esta contento con lo que tiene, no se dan cuenta de que hace poco no tenían nada, hoy pueden hacer algo mas que hablar…participar.
Solo puedo decir que participare en todo lo que este en mi mano y si este pequeño resumen de mi vida o de parte de ella, ya que toda seria un poco pesada y espero que me queden un par de años mas …. sirve para algo seré la persona mas feliz del mundo,
Gracias por dar esta oportunidad, nos vemos………………
Lagares………….
FINALISTA: JOSÉ MANUEL ORTEGA DÍAZ
LA LEY DE LAS TABERNAS
Domingo, 11 de septiembre de 1904
El repicar de las campanas anunciaba el final de la misa. Las palomas revoloteaban mientras cruzaba el dintel de la puerta de la Iglesia convento de San Francisco. En la plaza, por entre los naranjos, corrían jugueteando los niños vestidos de domingo, mientras más de una madre se afanaba en un vano intento por convencer a la chiquillería de que dejasen de correr para no mancharse sus mejores ropas.
Estaba la plaza rebosante, esplendorosa, con un sol que templaba sin llegar a molestar y una cantidad de gente más numerosa de lo habitual. Desde lejos, en la esquina de Isabel la Católica, emergía la figura de D. Pablo Ortega, inconfundible con su traje a medida de estilo inglés, pañuelo en el bolsillo de la chaqueta a juego con la corbata que le asomaba por entre el chaleco, pelo estirado mostrando unas más que prominentes entradas, bigote finísimo a la moda señorial y un bastón de caoba que le daba un aire distinguido.
Jugueteaba Don Pablo con su reloj de bolsillo de plata, herencia que pasaba de generación en generación a los primogénitos de la familia, mientras me esperaba impaciente para dar, como cada domingo, nuestro paseo.
Después del protocolario saludo, interrumpido por una pelota de trapo que rápidamente alejó mi amigo con un certero golpe de bastón, dirigimos nuestros pasos a la Alameda. Allí, apoyado en la balaustrada que mira a la Bahía, nos esperaba D. Luis de Celis, infalible compañero de paseos y tertulias domingueras. Estaba la Alameda radiante, repleta de mujeres con sus vestidos largos y sombrillas para protegerse del sol. Algún que otro señorito paseaba en su calesa, a la caza de alguna mocita que quisiera subir a dar un paseo. En el mar se agolpaban un buen número de barquillas fondeadas, con sus cañas apuntando a las tranquilas aguas en busca de algún pez que pescar. El sol, que reflejado en las aguas azulonas parecía un mar de lentejuelas, nos castigaba poquito a poquito, sin prisa pero sin tregua. Buscábamos la sombra de los árboles mientras comentábamos nuestros problemas de la semana.
A la altura de la Iglesia del Carmen nos acercamos a un grupo que discutía acaloradamente. El tema de conversación era de lo único que se hablaba en los últimos días: la Ley del Descanso Dominical que entraba en vigor éste domingo. Unos y otros defendían sus argumentos, se posicionaban a favor o en contra, pero a nadie, o al menos eso parecía, a nadie le resultaba indiferente.
Abandonamos la Alameda para seguir nuestro recorrido por las calles gaditanas, buscando la sombra entre edificios cargados de historia. Recorríamos las mismas calles cada domingo, pero hoy era diferente debido al bullicio que encontrábamos allá por donde pasábamos, frente al Gran Teatro, en la Plaza de San Antonio... aquí, un domingo cualquiera se podrían contar numerosos niños corriendo detrás de una piedra, o jugando a cualquier cosa que su imaginación fuera capaz de inventar. Hoy esos niños parecían multiplicarse, al igual que sus padres que no cesaban de reunirse en grupos para comentar, discutir, defender, criticar... la nueva Ley.
En la calle Ancha las reuniones en grupos afloraban por todas partes aunque lo más curioso era ver todos los comercios cerrados, con muchos de sus dueños rondando por la puerta, sin saber que hacer con su día de descanso. Sólo estaban abiertas en todo Cádiz las cafeterías, que se encontraban llenas, llegando incluso a hacerse cola para poder entrar en algunas. Parecía que todo Cádiz estuviera en la calle. En esta céntrica calle pudimos distinguir al pintor Felipe Abarzuza junto al poeta y dramaturgo Fernández Shaw y a algún que otro político que se dejaba ver en algunos corrillos. En la casa palacio de los Mora se nos unió el insigne D. Manuel de Mora que parecía contagiado del ambiente festivo que circulaba por la ciudad. Estaba más hablador que de costumbre, gastando alguna que otra broma a las señoritas que pasaban a nuestro lado. Desde el balcón de su casa, repleto de flores que le daban un colorido especial, su hermana miraba a través del visillo la marcha de nuestro grupo, aunque todos intuíamos que a quien iban dirigidas sus miradas era a D Pablo, uno de los solteros más codiciados de la ciudad. Pasamos por delante del Mercado, más por curiosidad de ver todo cerrado que por interés. Nada estaba abierto, ningún comercio, pero sin embargo el bullicio era impresionante. Los dueños se encontraban todos agolpados frente a sus puestos cerrados, armando ruido, vociferando, profiriendo insultos...
El final de nuestro paseo, como siempre, terminaba junto al Mercado, en el “Gran Café”, local de moda donde se reunía la flor y nata de Cádiz. Allí tuvimos que abrirnos paso casi a empujones para llegar hasta la barra, donde pedimos a nuestro amigo Fulgencio González, el montañés dueño del local, una copita de vino de Chiclana. Había reuniones por todas partes, voces que se alzaban, risas a algún comentario, mucho humo y más vino. Desistimos desde un primer momento de jugar nuestra partida en los billares que había en el piso alto puesto que prácticamente no se podía ni andar. El bueno de Serafín, el del ultramarinos de la esquina se quejaba de que no sólo iba a perder el dinero de la recaudación de los domingos, sino que tenía que pagar a sus dos empleados por un día que no trabajaban. Un barbero secundaba la idea. En una esquina, copa de aguardiente en mano y subido en el tablado que se usaba por la noche para actos culturales, un conocido militante socialista citaba: “defectos tiene la Ley del Descanso Dominical, pero aún con ellos, no se le puede negar utilidad, ni desconocer tampoco que es una conquista de la acción obrera”. Otros alegaban el problema ciudadano que podía ocasionar el hecho de que los comercios abiertos cuando caiga la oscuridad de la noche serían insuficientes para alumbrar las calles.
De esta manera, entre paseos, charlas, risas, vinos y buenos amigos, discurría el primer domingo de descanso general. Si bien esta nueva Ley se encuentra en entredicho, lo que nadie pone en duda es el éxito de la participación ciudadana en este día tan especial.
FINALISTA: INMACULADA PRIEGO PRIEGO, de Doña Mencia (Córdoba)
EL SUEÑO QUE CONTRIBUYÓ A MI REFLEXIÓN:
SEÑOR GOBIERNO:
He aquí mis pensamientos. Reunidos, congregados por la oportunidad, la oportunidad de saber que hoy por fin me está oyendo. Sentías la angustia del niño que rebusca entre los vertederos. Era tu angustia, era, tu desesperación, tu nerviosismo porque conocías que otro con más suerte podía encontrar en el montón las latas de conserva casi enteras, los hierros, los harapos… tras la basura, tras el escombro… muchas veces se hallaban los restos o los echadizos de los ricos, lo que ellos ya no querían pero que ahora tu buscabas como un diamante entre miseria, y como tantos… “para poder subsistir”.
Luego le vi cruzando el estrecho. Era un nuevo inmigrante ilegal y le acompañaba la añoranza, de pronto… ¡zas! Le sorprendió una tempestad. Desperté sobresaltada. Del sueño o la pesadilla salí, escapé, huí… una vez tranquilizada pensé, analicé… Era una persona con sensibilidad, con capacidad para ver desde la perpestiva del otro, capaz… de ponerse en su lugar. Era… el gobierno que quería, al que acababa de descubrir.
Quise volver a fantasear, volver de nuevo a mi sueño o regresar a mi pesadilla aunque eso me costara volver a inquietarme, volver a turbarme, a destemplar, volver… a sentir palpitaciones, a sudar e incluso a llorar como un niño… pero quería, lo necesitaba, tenia que explicarle que los problemas del mundo son consecuencia de las desigualdades que aun hoy “¿todavía hoy?” en el siglo veintiuno no hemos logrado superar. Mi intento falló. El destino no lo quiso, no lo permitió y con la furia del niño que llega al lugar demasiado tarde, desde hace un rato tecleo mi olivetti con ansia, con desesperación, como si fuera la ultima vez que le tendré tan cerca, como si fuera… ese día donde tras aparecer en mi sueño desapareció cuando yo ya tenia la esperanza de que me escucharía, de que me atendería porque ya sabía de las injusticias, porque ya conocía del dolor… Esa esperanza ahora a renacido y mis pensamientos están cobrando forma.
No quiero esclavas sexuales, resistoleros, niños esclavos o sicarios por un mundo mal repartido porque todos, independientemente de la profesión, el dinero o el color de piel somos humanos y todos como humanos tenemos derecho a opinar, a exponer nuestras ideas o a participar en la vida (¡nuestra vida!) política (Democracia). No quiero autoritarismos que solo permitan decidir a unos pocos sobre un mundo que es de todos y para decidir con sabiduría (¡desde el conocimiento!) es necesaria la educación. Por ello demando el acceso a todos al conocimiento, el conocimiento que después nos hará tomar la decisión, una decisión con sabiduría y no arrastrada por la manipulación, la pasividad o el conformismo que ha la larga, nos va a perjudicar a todos.
Ocupas un cargo muy importante, eres… “un modelo para la sociedad”, una sociedad que aprenderá de sus defectos y virtudes, que constantemente le imitará… por lo que le ruego que no siembre ahora desde ese lugar tan alto donde todos le miramos lo que no quiera cosechar mañana, que compita sin violencia porque de lo contrario generará nueva violencia, que resuelva sus conflictos con el diálogo para propiciar la comunicación entre esos que le queremos, amamos u odiamos porque aunque al vivir en sociedad los intereses chocan (aunque todos deseemos lo mejor hay pensamientos diferentes) gracias a esos “choques” la sociedad no se estanca, evoluciona si se consigue llegar a un acuerdo, un acuerdo que puede ser muy enriquecedor si todos participamos exponiendo nuestras ideas desde el conocimiento y no desde la pasividad que acarrea el desconocimiento o, lo que es peor, las tiranías de los verdugos que se relevan.
No me canso de pedirle porque le he entregado una parte de mi libertad. Me impone unas normas a las que me acato y como soy afortunada de un país que me da el derecho al voto, no voy a recriminarle ni a mostrar mi indignación por sus fracasos que… también son mis fracasos porque todos en mi país somos políticos, todos participamos, elegimos e incluso nos podemos presentar a las elecciones si lo deseamos ¿pero sabe que sucede? Que los resultados se pueden bloquear por el desconocimiento y la ignorancia, que puede afectar a mucha gente e influir en los resultados de manera negativa. ¡Peo los que desconocen también tienen que participar porque ellos también son humanos!. No podemos dejar solamente a los cuatro sabios que decidan entre otras cosas porque ese desconocimiento puede ser contagioso, heredarse de unos a otros… y seguramente nadie de los que desconoce tenga totalmente la culpa de desconocer, eso se lo garantizo. Po ello hay que luchar para que todos tengamos los mismos derechos, sin pasar por alto desdeluego al derecho de la educación que nos permitirá participar en la vida (política, económica…) con sabiduría. Y por ello le voy a pedir, que a la hora de gobernar, de decidir y de tomar decisiones , de apoyar o de desaprobar lo que por su cargo y decisión del resto está en sus manos, piense un poquito o, si es necesario se dé un paseo por las calles de Madrid, de Andalucía o de cualquier otro rincón mirando a la gran cantidad de mendigos, necesitados, pobres… que darían lo que fuera por llevar una vida digna. ¿Son ellos culpables de su situación?... pero no se quede ahí, siga avanzando y descubra que también hay gente al acecho de más débil para enriquecerse, de ahí los narcotraficantes o, las bandas que invitan a traficar, a entrar en violencia, a prostituirse de manera ilegal… ellos también están en la calle aunque quizá no les vea, tienen dinero y pueden manipular a la mayoría a cambio de el, esa “mayoría” asocia el tener con el ser… Ahora detente, ¿o acaso no está escuchando los sollozos de una mujer?. Provienen de ahí arriba. El marido la está golpeando delante de un niño que ya se acostumbró a observar sus palizas… nadie denuncia, la mujer calla por miedo, la vecindad “hace la vista gorda” y el barrio se inunda de las lágrimas que va desprendiendo… Es un caso más, otro de los que se olvidan y finalmente se van acumulando cuando las consecuencias son irreparables…
Pero hoy vamos a hablar, hoy vamos a sentarnos a meditar las leyes, hoy que por fin tengo la suerte de que me esta escuchando las cosas van a cambiar, tienen que cambiar…. Vámonos al Líbano, allí la situación es mucho más catastrófica, ¿no ha pensado nunca en pasear por aquellas tierras sin
temor, de hablar tranquilamente con un libanés?...pero eso ahora es imposible. Allí la gente está huyendo de los bombardeos. Los niños abandonan sus
juguetes, quizá no comprendan el por qué, pero ahora no hay tiempo de explicárselo, hay que dejarlo todo y salir de allí inmediatamente, de lo contrario su vida corre un serio peligro, el peligro de la guerra…
Después están las post-guerras, la pobreza y miseria, países destrozados, también las guerrillas, la guerrilla de… ¡no! son guerras enteras, guerras en las que se sigue matando, guerras que se están cobrando la vida de gente inocente, guerras donde hay disparos… Nos las pintaran con ese diminutivo pero son guerras con importancia que siguen ahí, al igual que esos niños a los que continúan explotando y que tienen derecho a una infancia feliz, derecho a una educación que les permita sobrevivir, sobrevivir en un mundo donde la oscuridad está tan solo a unos pasos… Esos niños formaran el futuro, lo seguirán inventando. Usted puede lograr que ese futuro sea legislado desde el conocimiento, usted que ahora está arriba, como padre de la colectividad, padre del género humano, del ser racional puede modificar muchas cosas…
Por ello ahora que mi esperanza a renacido me voy a subir a la montaña más alta para desde ahí arriba… ¡no! ¡los dos somos humanos!. Desde la misma altura hoy le podré recordar que para cantar victoria hay que ser, en primer lugar “persona”. Y como eso es lo que pido, a cambio de una parte de mi libertad, hoy nos vamos a sentar a meditar las leyes, hoy le voy a recordar estas cosas que ahora escribo, hoy… que como humano y no como un ser superior me va a atender, vamos a enfrentar las tiranías, vamos a descubrir la fórmula. Sin violencia, sin desigualdades… hallaremos la manera de obrar.
JUVENIL
PRIMER PREMIO: ÁLVARO MARTÍNEZ ZAPATA
TENGO DIECISÉIS AÑOS
Tengo dieciséis años. Tengo dieciséis años, que es lo mismo que decir que tengo doce, cuatro, o que acabo de nacer; es decir, no tengo nada.
Bueno, sí, en realidad sí que tengo, sólo que en negativo. Soy adolescente, y por definición, maleducado, sinvergüenza y destructivo. Nadie duda de la palabra de un niño de cuatro años; de la mía, salvo los que me conocen, se duda constantemente. Y la verdad, no sé que habré hecho yo a la gente para merecer esta desconfianza.
Por eso me llama mucho la atención que a los dieciocho se me considere mayor de edad; paso de cero a cien, de nada a todo, en cuestión de un día, una hora o incluso un segundo. Personalmente, no veo que voy a tener (o dejar de tener) dentro de dos años, o aún de uno, podría decir el año que viene; que no tenga ya, salvo un puñado de pelos más. Y es que el que es maduro no lo es de la noche a la mañana, ni viceversa.
Claro que, ¿a quién le puedo decir esto? ¿Quién me va creer cuándo le diga que soy una persona de fiar, alguien responsable, si mi compañero le está silbando a la primera chavala que pasa a nuestro lado? Y así, los que queremos participar y hacer algo por mejorar, que por cierto somos más de los que parecemos, nos tenemos que aguantar por la única culpa de ser adolescente; además, por aquellos que en su día también lo fueron. Ahora vendrán con que es lo que toca por la edad, quinceañero igual a gamberro, que ellos lo pasaron y ahora nos toca a nosotros. Perfecto, ojo por ojo, y todos ciegos.
Es cierto que hay asociaciones de jóvenes que se reúnen para que tengamos representación (otra muestra más de que no somos tan malos), pero, sinceramente, ¿quién les hace caso? Si hubiera una manifestación de gente de entre quince y dieciocho años, pidiendo, por ejemplo, un parque para poder salir, con su zona de skate y poco más ( aunque todos sabemos que acabaría en “botellonapark”, pero no viene al caso), se podrían dar estas reacciones del colectivo adulto:
a) Cachondeo: Ahí están los cuatro adolescentes de turno jugando a los sindicatos.
b) Indignación: ¡¿Quiénes son esos niñatos para pedir un parque?! ¡Que se vayan a estudiar!
c) Indiferencia: Que lo intenten, no lo van a conseguir.
Muchas veces ocurre que hay algún borrico liante, pero son una minoría y no tienen que ver con la manifestación. Ahora, si es una comunidad de vecinos quien pide la zona verde, aunque igualmente acabara en foco de botellón o hubiera algún “gracioso” durante la manifestación, la cosa ya empieza a considerarse más seriamente. Que curioso, ¿verdad?
Pero volviendo al asunto de la mayoría de edad, no consiste en ponerla a los veintiuno o a los dieciséis. Conozco gente que con treinta siguen siendo unos personajes de cuidado; y el caso contrario, claro. Creo que está bien que a los dieciocho sea cuando se me considere mayor de edad. Puedo entender que tenga que esperar a esa edad para beber alcohol (mi cuerpo no está preparado) o que aún no pueda votar (necesito más experiencia). Pero lo que no me entra en la cabeza es que se me quite la opinión por culpa del tópico “todos los adolescentes son unos salvajes”. No sé si alguien se habrá molestado en imaginarlo, pero es muy frustrante que te metan en un grupo al que tú sabes que no perteneces.
Porque además, ese día que me haga adulto (legalmente hablando) voy a tener que tomar decisiones. Y claro que aprenderé, pero, ¿a precio de qué? Así que no me vale que me digan que tal político es estúpido, que me digan el porqué para que yo no le elija; tampoco me es suficiente saber que hay crisis y que hay que superarla, ¿cómo apareció? Y no permitiremos que vuelva a ocurrir; ¿dónde? Y vigilaremos ese sitio; ¿por qué? Y se hará lo imposible para que no se repitan las circunstancias. Pero que me lo digan ahora que lo estoy preguntando, porque a lo mejor no tendré otra oportunidad de enterarme hasta que haya otra crisis.
Señores, dentro de poco tiempo me van a pedir que sea responsable, ¡de la noche a la mañana! Pero si de verdad quieren que lo sea, empiecen a tratarme, o más bien a tratarnos, como a adultos, desde ya. No se quejen de en que manos dejan su futuro (sus pensiones, para que nos entendamos), porque les recuerdo que ahora mismo son ustedes los que están enseñando a esas manos, y enseñarlas no es tenerlas entre algodones para que no se les rompa una uña o de castigarlas cuando tocan donde no deben.
Y para eso, lo más importante es que nos den opinión y nos dejen participar, participar de todo. La política, la economía, la sociedad… Participando es como descubro si algo viene mejor o peor, si es conveniente o no. Y más vale que lo aprenda cuando las cosas no dependan de mí, porque aprender sobre la marcha creo que no nos viene bien a ninguno.
Y pensar que son cosas que tenemos que aprender en casa, o en el colegio, es bastante infantil. No todo se aprende en las aulas o con los padres. Además, creo que es una cuestión que no sólo le afecta a mi generación, sino también a los que vivan con nosotros para cuando nos toque llevar el mundo, y creo que en ese grupo se incluye más de un cascarrabias que ya habrá pensado miles de veces en hacer un infanticidio general. Pues háganse un favor a sí mismos, dejen de quejarse y solucionen lo que tanto les preocupa, no ya por nosotros, sino por ustedes.
Pero si nos quitan el voto, o aún la voz a los que se supone que tenemos que abrir futuro, encerrándonos tras máquinas o motos de un lado, y desconfianzas y miradas por encima del hombro de otro, difícilmente vamos a saber lo que tendremos que hacer dentro de unos años, cuando las cosas dependan de nosotros y de lo que hayamos aprendido.
Tengo dieciséis años. Tengo dieciséis años, que es lo mismo que decir que me faltan dos para ser adulto.
FINALISTA: Mª ISABEL PÉREZ RÍOS
CON ACENTO DE PUEBLO
Desde que tengo uso de razón he apoyado los actos de caridad. Todo lo que implica colaborar por una buena causa me parece más que apropiado. Vivo por y para los demás y supongo que fue esto lo que me llevó a ser profesora. Poder enseñar a los niños todo lo que les rodea es maravilloso.
Recuerdo que a mis quince años formé parte de un grupo de personas que en época navideña se dedicó a dar comida a los más necesitados. Aun recuerdo esas horas junto a una gran olla y llenando cada plato de un pobre hombre que no había tenido suerte en la vida. Fue muy cansado pero lo bien que me sentí conmigo misma al ver sus sonrisas cuando les atendía era tan bonito que lo repetí todos los años desde entonces.
En definitiva. Soy una persona abierta a los demás y que es feliz cuando consigue la felicidad de los que la rodean.
Hace tres años que me mudé a un pequeño pueblo de la provincia. Acababa de terminar los estudios y me asignaron un puesto de profesora en la pequeña escuela de este.
No es que sea una chica que se apresure a coger el primer puesto que se le ofrece, por supuesto que no. Tuve en cuenta las demás solicitudes y de todas ellas la mejor opción fue este pueblecito. Las demás solicitudes eran en ciudades enormes y llenas de contaminación. Yo soy más de naturaleza.
El día que vine de visita me pareció encantador: rodeado de pastos verdes y esplendidos, numerosas ovejas pastando felices por todas partes, el sonido tranquilizador de el agua del río y esa gente que te saluda con una sonrisa de oreja a oreja y te pregunta: ¿Qué tal estás?
Y esa paz y tranquilidad característica de los pueblecitos tan pequeños como este…
Perfecto. Este pueblo era perfecto.
Eso pensé.
Pero cuatro meses después de aceptar el puesto me di cuenta de que no era tan espléndido. Uno de mis alumnos tuvo un ataque de asma en mitad de una de mis clases. Mandé a una de mis alumnas a que pidiera ayuda y cuando vino uno de los otros profesores y vio cual era el problema solo me pudo decir angustiado: No tenemos un puesto de salud, tendremos que llevarlo a la ciudad.
Cogimos al niño en brazos y lo llevamos en el coche de este mismo profesor a urgencias. No me separé ni un minuto del pobre chico, que, con la ayuda de una bolsa de papel, llegó de milagro.
Por muy pequeño que fuera el pueblo, y por pocas personas que lo habitaran, ¡Debía tener un puesto de salud para tratar estos casos!
Total, que, lo vivido antes con el pobre niño, me había hecho pensar a fondo en la situación.
Hasta que finalmente se me apareció la virgen y vino a mí una idea muy original.
Conseguí reunir a los ciudadanos en la plazoleta con la ayuda de algunos conocidos que me ayudaron a que me prestaran algo de atención.
- Tenemos que conseguir que construyan un puesto de salud para nuestro diminuto pueblo. No podemos permitir que cada vez que estemos enfermos o tengamos un accidente tengan que trasladarnos a la ciudad. ¡Es indignante! – les dije.
- Si, tienes razón- gritaron algunos.
- Ya hemos intentado hablar con los altos cargos de la provincia pero apenas nos atienden.
- Nos atenderán cuando vean que le ponemos empeño. Tenemos que reunir una cantidad razonable de dinero para que se den cuenta de que vamos enserio.
- ¿Pero qué podemos hacer nosotros? Somos personas humildes que apenas si tenemos para llegar a fin de mes, no podríamos donar dinero a la causa – dijo un ganadero.
- Yo tengo una solución. Concursos. – les respondí.
- ¿Concursos? Explícate, querida. – me dijo Doña Herminia, una adorable ancianita.
- Mirar. Cada semana haremos un concurso en la escuela. Todos los participantes tendrán que abonar su participación. Con el dinero recaudado conseguiremos llamar un poco la atención, con suerte, lo suficiente para que se den cuenta de que necesitamos ayuda. – les expliqué.
Se hizo un silencio incómodo y los habitantes se miraban unos a otros.
- Nos parece bien. Podemos intentarlo. – respondieron animados.
- Yo me encargaré de todo.
Y así fue como, con muchísimo esfuerzo, conseguí convocar unos cuantos concursos como, por ejemplo, un concurso de pasteles.
Perece fácil, pero creerme, no lo es.
¿Sabes lo que es convocar un concurso para unos 150 habitantes? No sabes los gustos de cada uno y tampoco sus horarios de trabajo. Y claro, también hay que plantearse que dar de premio.
Pero triunfó. Sin duda. Participaron casi todas las mujeres incluso algún hombre que otro. Se recaudó mucho dinero y en tres semanas estuvimos en todos los periódicos de la provincia. De premio tuvimos que dar un trofeo que, gracias a Dios son baratos, y unas flores que me encargué de recoger con mis alumnos. Unos días después de nuestra repentina fama nos comunicaron la instalación de un pequeño puesto de salud.
Nos pusieron uno un tanto cutre al principio pero fue provisional, solo fue por un tiempo mientras construían uno en condiciones en pleno centro. ¡Viva! Lo habíamos conseguido.
Me sentí muy feliz, sobre todo por aquel pequeño niño. Ya no tendría que jugarse la vida en el camino a la ciudad. Fue fantástico. Ahora sí que era un pueblo perfecto.
Además, con eso de que fuéramos un pueblo tan unido y los continuos concursos que hacíamos conseguimos que fuera viniendo cada vez más personas. Nos convertimos en uno de los mejores pueblos de la provincia y uno de los más ricos debido a las continuas visitas de turistas interesados.
Después de estos tres años ya contamos incluso con un hospital.
Como bien dicen: el pueblo, unido, jamás será vencido.
INFANTIL
PRIMER PREMIO: ELISA ÁNGEL SIMONE FILM
UNA NIÑA COMPRENSIVA
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FINALISTA: ALBA CANTALEJO GÓMEZ
YA TENEMOS PARQUE
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FINALISTA: MELANIA ORELLANA LEÓN
EN UN PAÍS NO MUY LEJANO
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FINALISTA: LUCAS FORNET MORENO
CAZA RAYOS Y CAZA BALLENAS EN BUSCA DE UNA ESTRELLA
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