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Eduardo Query: Coordenadas subvertidas

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 DESPLAZAMIENTOS DE LA MEMORIA
EL PAISAJE EN LA PINTURA DE EDUARDO QUERY

Un paseo está siempre lleno de importantes manifestaciones dignas de ver y de sentir. De imágenes y vivas poesías, de hechizos y bellezas naturales bullen a menudo los lindos paseos, por cortos que sean (ROBERT WALSER). 

Existe un vínculo íntimo entre nuestra vida y los lugares que habitamos, que recorremos, aquellos por los que transitamos de un modo más o menos detenido. Estos espacios se integran en esa estructura mental que sustenta nuestros recuerdos, se dibujan como localizaciones precisas, como huellas, como oquedades, como extensionesabiertas, como estancias herméticamente cerradas, impresiones luminosas, coloreadas u oscuras. En nuestro recuerdo, las imágenes a veces aparecen nítidas, definidas, de un matiz intenso. Otras veces,  lo que nos queda es un rastro que inunda nuestra mente de un modo indefinido. El paisaje, el recuerdo, la experiencia, se convierten así en una mancha de contornos imprecisos capaz de extenderse a nuestro alrededor, de impregnar nuestro presente de ese modo difuso pero atento con que a veces nos persigue la memoria. 

En la pintura de Eduardo Query asistimos a ese complejo intento de reconstrucción de una suerte de mapa capaz de albergar desplazamientos, impresiones y experiencias. Como él mismo sugiere evocando aMarcel Proust, se trataría de hallar esa nueva forma de mirar, ese modo de prestar atención desde nuestra capacidad perceptiva más profunda que nos permita ver –intuir- desde lo que podemos ser, desde lo que podemos desear. Así, se procede a la construcción de esquemas, de estructuras en las que se entrelazan la naturaleza y las construcciones arquitectónicas, las carreteras, los caminos, las encrucijadas y los árboles, el color del cielo y las sombras, atendiendo tanto al registro de detalles, de lo mínimo, como a esas líneas que dibujan espacios capaces de prolongarse hasta el infinito. Y en este proceso se integran manchas de colores intensos y luminosos, barridos negros y difusos, luces cambiantes que nos recuerdan el transcurrir del tiempo. Aparecen líneas rectas que sugieren ese intento de acotar, de medir la tierra, esos registros cartográficos que pretenden otorgarnos una orientación, ubicarnos en un contexto determinado. Pequeños trozos de mapas, descontextualizados, pero obstinados en su afán. Vemos arquitecturas fragmentadas, que más allá de imponer su presencia reclaman nuestra atención como un eco lejano. Lo racional, lo estructural convivenasí con una naturaleza efímera, en movimiento, cambiante, casi distorsionada, cuya presencia otorga una organicidad intensa a esas escenas. 

El paisaje –así podemos denominarlo- es entonces un fragmento compuesto por otros fragmentos, una multiplicidad de huellas, de registros dotados de una estructura, de la presencia efímera de lo racional que deja paso de modo consciente a un dibujo del acontecer, de lo fluido, es la elaboración de un engranaje construido desde la subjetividad. Así, podríamos definir estas imágenes como cartografías del tiempo, de lo que fluye, del tránsito, de la repetición, del recuerdo, de la emoción. Incluso lo fotográfico, ligado siempre a la inmaterialidad, queriendo retener aquello que desaparece, aquí surge -incidiendo en esta cualidad- como rastro leve que define, que sustenta incluso esa imagen fragmentaria. 

¿Y cómo no reparar en el vacío que rodea a esas construcciones, a esa cartografía, a esas anotaciones espacio-temporales?. Es el blanco, no como fondo, sino como presencia. Es el espacio y es la luz. Es la sugerencia de lo que hay más allá, alrededor, en torno al tránsito. Como estar suspendidos en un medio en el cual nos movemos, nos desplazamos en una suerte de flotamiento, en un dejarnos llevar. Dirigimos nuestros pasos, pero el tiempo, el espacio, la luz, el movimiento nos dirigen también, nos traen y nos llevan, nos permiten continuar o nos obligan a detenernos.La línea, el camino, el lugar, se prolongan más allá de lo escrito, de lo representado. Nos dice GeorgSimmel: Constantemente, los límites impuestos a cada paisaje se ven rozados y disueltos por ese sentimiento de lo infinito, de modo que el paisaje, aunque separado y autónomo, está espiritualizado por esa oscura conciencia de su conexión infinita. [1] 

Habitar, recorrer, representar el paisaje… experiencias que parecen destinadas a generar un proceso simbiótico en el cuál la vivencia se convierte en espacio y la imagen adquiere la capacidad de modificar nuestra mirada, nuestra forma de percibir, de comprender el mundo. 

M. Ángeles Díaz Barbado

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[1] SIMMEL, Georg. Filosofía del paisaje. Ed. Casimiro. Madrid, 2013. p. 9.

 

Puedes verlo en: 

CASTELLAR DE LA FRONTERA
Patio Andaluz
Del 17 al 30 de noviembre

UBRIQUE
CIHU San Juan de Letrán
Del 03 al 31 octubre - De martes a sábado, de 10:00 a 14:00 horas

 

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